Nada real puede ser amenazado, nada irreal existe…

Cuando la Gracia me visita

Cuando la Gracia me visita es entonces cuando sé que nunca se había ausentado, que siempre había estado presente, observando con ojos cálidos al pequeño ego; ese que creía y quería ser independiente, tener su propio mundo, adueñarse de un trono.

Como una madre comprensiva con el pequeño que empieza a dar sus primeros pasos, espera paciente a que el niño la busque y  la llame extendiéndole  sus brazos. Es entonces cuando, amorosamente, la madre le revela su eterna presencia, su no ausencia.

Cuando la Gracia me visita entonando su melodía, paradójicamente el silencio aparece y me acoge en un tierno abrazo, extiende su manto y me revela ese universo sin estrellas que siempre ha sido. Lo miro con asombro y sé que siempre estuvo ahí.

Amrita

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