Nada real puede ser amenazado, nada irreal existe…

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Cuando la Gracia me visita

Cuando la Gracia me visita es entonces cuando sé que nunca se había ausentado, que siempre había estado presente, observando con ojos cálidos al pequeño ego; ese que creía y quería ser independiente, tener su propio mundo, adueñarse de un trono.

Como una madre comprensiva con el pequeño que empieza a dar sus primeros pasos, espera paciente a que el niño la busque y  la llame extendiéndole  sus brazos. Es entonces cuando, amorosamente, la madre le revela su eterna presencia, su no ausencia.

Cuando la Gracia me visita entonando su melodía, paradójicamente el silencio aparece y me acoge en un tierno abrazo, extiende su manto y me revela ese universo sin estrellas que siempre ha sido. Lo miro con asombro y sé que siempre estuvo ahí.

Amrita

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El Despertar no es una “suma” sino una “resta”

Cuando nos preguntamos honestamente para qué deseamos Despertar, suelen surgir, entre las múltiples respuestas, “estar mejor”, “obtener paz”, “vivir con tranquilidad”, etc. Es necesario reconocer que todas estas respuestas surgen desde el ego, el cual no está dispuesto a soltar-se, sino que su pretensión es seguir manteniendo su trono disfrutando de un sueño más feliz.

Este engaño suele ser tan sutil que es fácil caer en la trampa de mantener y justificar ese deseo sin percatarnos de que el Despertar no nos va a aportar nada; ni una vida más feliz, ni más paz, ni mayor bienestar sino que, en realidad, nos va a quitar. Nos va a quitar de en medio como individuo, nos va a quitar un sueño, un espejismo, una ilusión. Y la consecuencia de esta “resta” no puede ser más que una liberación; librarse de una pesada carga, de una ceguera, de la demencia de la mente.

¿Qué sucede cuando tenemos una pesadilla y nos despertamos? Automáticamente la reconocemos como tal, y el resultado de ello es un gran alivio. Sin embargo, todo sigue igual que antes, lo único que ha desaparecido es la identificación con el soñador.

No obtendremos nada porque ya, Ahora, lo somos Todo.

Amrita

El ego jamás se entregará

Igual que un condenado no se entregaría a su propia muerte y trataría de escapar o de hacer lo que fuera para salvarse, así, el ego intuye el peligro cuando se indaga en él, intuye la amenaza de muerte. Y cuando siente que su fin podría estar cerca, utiliza toda una serie de artimañas agarrándose a cosas externas y/o internas para así afirmar su propia existencia y asegurarse su propia supervivencia. Más, ¿cómo, dónde y durante cuánto tiempo podría esconderse aquello que no tiene ninguna existencia? ¿Acaso podría un sueño esconderse para escapar de su soñador? ¿Podría el sueño independizarse del soñador? ¿El sueño nos ha dicho alguna vez: hola, soy tu sueño? ¿Alguien ha visto alguna vez un sueño perdido por ahí? ¿Cómo podría esconderse aquello que no tiene existencia propia?

Al ego hay que mirarlo, desmenuzarlo, hasta darnos cuenta y llegar a ver con pleno convencimiento que no es real. Es entonces cuando, llegado el momento, “se cae por sí solo” diluyéndose en el Ser.

Amrita

Sencillamente, todo sucede

¿Qué hiciste para nacer? ¿Estuviste controlando el proceso de gestación? ¿Hiciste algo para asegurarte de que tu propio nacimiento sucediese sin problemas? ¿Acaso no fue un proceso que ocurrió sin que tú hicieras nada? ¿Llegado el momento del parto, te dijiste “bien ahora es el momento, tengo que nacer”?  ¿Qué hiciste una vez “nacido” para crecer? ¿El bebé se dice a sí mismo: tengo que comer para crecer y hacerme fuerte? ¿Hace algo el bebé para que su organismo funcione correctamente? ¿Se empeña en aprender a caminar marcándoselo como objetivo? ¿Se dice a sí mismo “ahora es el momento en el que tengo que aprender  a hablar”?

¿Acaso no sucede todo sólo, por sí mismo, sin que nadie haga nada, sin que nadie lo empuje? ¿Dónde está entonces el hacedor? ¿Por qué ese empeño en creer que es este “yo” quien hace algo?

Sencillamente, todo sucede….  Estamos siendo sucedidos.

Amrita

Una dolorosa espina

La desdicha, el sufrimiento, la angustia, la preocupación, el vacío existencial… todo ello procede de este falso y molesto yo. El yo es la causa de toda infelicidad, de la identificación con esto y con aquello, con el identificarse con este hombre o esta mujer, con la profesión que realiza, con sus estudios, con sus vivencias, enfermedades, pensamientos…

Aún así, muchos sienten terror a perder este pequeño e insignificante yo, y se aferran a él incluso a sabiendas de que esta sensación de ser es la causa de su sufrimiento, eligiendo por lo tanto el nacimiento y la muerte. El miedo a dejar de ser, el aferrarse a este yo, es como una espina que se va clavando más profunda e intensamente alargando e intensificando el sufrimiento. ¿Acaso no dejamos por un momento de sentirnos ser en el sueño profundo? ¿Hay miedo cuando nos entregamos todas las noches al sueño profundo? ¿Dónde está en ese estado la sensación “yo”? ¿Dónde está el sufrimiento en el sueño profundo?

En el sueño profundo no hemos dejado de ser; sin embargo ha desaparecido esta sensación de ser que es la causa de la identificación, la cual retomamos al despertarnos por la mañana.

¿Dónde está el miedo entonces?

Amrita

El Gran Gato

Cuando la Gracia  se manifiesta, la mente del pequeño ego del buscador se rebela tratando de huir, de escapar, pues ahí intuye el fin de su existencia; su propia muerte. Al igual que cuando un gato atrapa una mosca y juega con ella, cuando parece que todo ha acabado  para el insecto, de nuevo se le oye zumbar  al lograr escaparse de las patas del animal, pero sólo  temporalmente, pues el Ser, ese Gran Gato, vuelve a perseguirla hasta atraparla y finalmente liquidarla.

Así la mente del buscador, aunque trata de huir y pone en marcha todos sus mecanismos de supervivencia ante el temor a ser devorada y aniquilada por el Ser, por fin se rinde y se entrega dispuesta a morir ante el convencimiento de que no hay escapatoria posible, pues el Gran Gato, pese a que pacientemente le dejaba escapar, ya le había elegido y nunca le perdió de vista, pues su destino era ser su presa. Es entonces cuando, al entregarse a su destino, la mente se repliega hacia adentro sumergiéndose en el Gran Gato hasta diluirse  y finalmente desaparecer.

Amrita


Gayatri Mantra

Deva Premal y Miten en una de sus fantásticas actuaciones.

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